Solo trataremos tres puntos en esta reunión noctámbula:

  1. Las dudas – esas medio verdades que sobrevuelan lo que no se cuenta – parecen conspirar nostálgicas cuando nadie las elige, sumergen su batiscafo, erigen su periscopio y contemplan con ojitos tristes algo que no convence. Entonces lo aumentan, lo acrecientan, lo muestran, lo gritan, te lo crees. Te vuelves solitaria y la cama se encoje contigo en posición de porqué.
  2. El Adiós – que te vaya bien, bonito, lindo y hermoso – viene de a poco, con miedo a nosequé… Supongo que las dudas comienzan a jugar al tenis (o más bien al frontón) y aquí, al otro lado, la comisura del mirar se vuelve aciaga y convexa, con esa tendencia a la apatía – o al infinito – que tienen las cosas si no se ven. Al final me lanzaste un poquito de tiempo para descartar ilusiones (que se pudra poco a poco la fe) y me quedé aferrado a imposibles, soplando las velas en vírgenes del nunca jamás. Hoy en día ni te oigo, ni te veo, ni te toco, ni te huelo, a saber qué será de ti, seguramente sepas mucho y todavía muy bien.
  3. La pluma – el polígrafo, boli, lápiz, portaminas – con el que te cuelas en mis letras sigue burlándose de mi, no es la fricción la que se queja en la punta cuando se va llenando el papel, es la risa endemoniada de la pluma cuando lee lo que dice de ti. Da un poco igual lo que digan, yo te sigo diciendo, a veces te pincho y sangras tinta, pero es que el cielo está nublado y pintan borrones. Un exorcismo sería clave, clave de sol y luna, soplar los nubarrones, que hiele y hiera… Así que repito eso de feliz cumpleaños y año nuevo, que tal vez sea un sin ti la clave para estar con ella.

Te juro que te he intentado y ahora me voy definitivamente,

con la cabeza bien alta,

la lengua cada vez más callada…

y el corazón

hablando en bajo.

Lope Escauriza

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