Los sueños andan apurados y son cada vez más los que reclaman calmarse. Ayer vinieron muy de pronto, con su impresora 3D para fosfenos y construyeron un puente de brazos musculosos (muy Buonarroti) para que atravesara la distancia que separa los párpados del inconsciente. Toqué enérgicamente la puerta del limbo y me abrieron caras antiguas y casis varios, chicas que dijeron que no y que tal vez y algún que otro mamarracho que alguna vez me robó la paciencia. “Bonita prueba” – pensé – pero aun tenía unos miligramos de conciencia colgando de los pies y los aspavientos me despertaban de vez en cuando. Pero cuanto más me sumergía entre los salones de mis suspiros, más profundamente espiraba… alcancé la respiración de crucero y se hizo el color en el sueño. Las estancias eran pentagonales con una cuarta o quinta dimensión muy corriente que ahora no podría explicar. El viento soplaba en algún sitio y las camas estaban iluminadas por focos de escenario… ¡Qué es un colchón más que un gran teatro! donde se cabalgan las probabilidades con la única esperanza de gemir bien alto un hoy, un par de mañanas y ningún ayer…

Las paredes se comenzaron a plegar y todo el mundo del sueño se convirtió en un comecocos o adivinador, juguete de la fortuna o sacapiojos… esas probabilidades de papel tan gigantes, esa papiroflexia sencilla en la que cuentas y eliges color y miras lo que te ha tocado debajo de una pequeña lámina coloreada a placer…

Conté trece y elegí el verde,

con té…

de te quiero…

Lope Escauriza

cootie

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