UNA CARETA DE ESPUMA para tres sirenas

Hay mucha cuerda floja en los tablones del embarcadero, de ahí que me caiga en el puerto y me ahogue a ratos creyendo que puedo seguirte. Así suelen ser mis versos, húmedos y canallas. Siempre te vas sin mi, Sirena.

Carboncillo

Nos gustaba sentarnos al atardecer en aquel sofá violeta y roído (de ruido) donde se encogía el salon. Nos encantaba dejarnos acariciar por el último calor del día, el de los rayitos del sol coleteando y el de la noche pisando los talones, calando los huesos, callando con besos. Nos gustaba oscurecernos de a poco,  con las luces apagadas, apagándonos con las sombras y las sobras que deja el día al borde de tu silueta… las velas agonizaban a contra pelo y respiraban los últimos intentos de verte mejor… ¡Pide un deseo! decías…

Entonces – en los dominios del tacto – olfateábamos los últimos recovecos que quedaban sin colorear y, con la imaginación echando chispas, cerraba los ojos para ver las lucecitas de tu risa… aclópate aquí que soy tu puzle… yo me quedo en tu prisa… que me suenas a trompeta y me sabes a tambor…

y tal vez el mundo funcione así…

Y no tenemos

ni puta idea.


Lope Escauriza

Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on TwitterEmail this to someoneShare on LinkedIn0

2 Comments

  1. Este texto sí, este habla y huele y sabe. Enhorabuena

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*