Nunca se me olvidan los sueños y eso es jodido. Los hay buenos y los hay malos, hay sueños lindos y sueños feos. Hay insomnio y desvelo, miedos estúpidos y otros que no tanto. Al miedo, queridos, le gusta ser miedo, pero hace lo que le dejan… son meras pesadillas que acojonan lo que malamente pueden… pero a veces dan en el clavo. Ayer me llegó uno de esos espasmos que llegan cuando uno piensa que cae al vacío mientras duerme, el gran engaño muscular del precipicio y la duda. Estaba perdido en las sombras y ni siquiera tenía esa tregua de la claridad cuando perfila las mañanitas. Creí soñar que éramos dos cachitos de un mundo cayéndose a pedazos, soñé con un hipotético y céntrico planeta donde las princesas no eran reales sino reales y los besos eran muecas alternas de un pegajoso sarcasmo…. Las respuestas gritaban de rabia por no saber contestar a la pregunta de qué había hecho yo sin ti todo este tiempo… pero en el sueño caíamos ya rotos, caíamos sin suelo ni techo y sin más referencia creíamos volar. Me senté en la cama silencioso, ya despierto de a ratos, con el susto del batacazo entre los párpados, las pupilas y las manos. Te miré brillando con ese claroscuro del alba y del alma que salpica tu cuerpo de momia… Entonces las preguntas repicaron y las respuestas vinieron corriendo al funeral de mis sustos…

En ese preciso instante

– cuando la piel parece una Vía tan Láctea-

supe todo lo que había hecho yo sin ti todos estos años:

Caer.


Lope Escauriza

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