No sabremos nunca el alcance de un sí, pero es largo y tendido, como la ropa mojada que gotea y huele a limpio y se seca y te la pones y te la quito… es bueno… sobre todo cuando unos se andan buscando durante más de mil y un años. Es un sí que se estira y se enrolla en tu lengua como esa espiral inagotable que tienen tus ganas y las mías… canas, polvos y vuelta a buscarte a través de los siglos… la comisura de tus labios me mira de reboca y no hay enlaces covalentes, ni convalecientes, ni metálicos,  ni gravedad… tan solo un intenso sabor a beso por cada abrazo al cuadrado. No sabes como me llenas por dentro, por centro y por fuera, en cada metro y segundo, de esos que pasan por donde no pasa ni el aire, eres mi andén de la suerte.

Matemáticamente hablando eres una dulce curva que vuelve loco a mi tacto, que vuelve loco a mi oído… un curva perfecta que suena con fuerza en mi caja, notas noctámbulas que buscan la belleza de un bemol colgado de un pentagrama… Eres una mirada de espejo de agua, una suave voz de color verde que me sabe a brisa fresca… cuanto te miro, me soplas la bruma.

Y es que unos se andan buscando para siempre y nunca empiezan ni acaban y es que resulta que… sin saberlo, ni comerlo, ni beberlo… resulta que sí…

que son

y punto.


Lope Escauriza

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