Tengo un reloj Hublot que da vueltas y vueltas con su segundero metiendo ruido, un tambor constante que separa las cosas en orden de ocurrencia, que nada pasa a la vez… En el principio era el Verbo, luego fuiste un texto y ahora un tú-y-yo de carne y beso. Luego me imaginé al tiempo atado al centro del reloj, como si fuera un caballo entrenando, corrigiendo el paso, que el tiempo está agarrado y por eso damos tantas vueltas… Y nosotros creyendo que era rectilíneo y que había un lugar especial reservado a los recuerdos. Yo doy vueltas y vueltas al galope alrededor de tus abrazos… y allí,

a la vuelta de la esquina,

está el infinito.


Lope Escauriza

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