No recuerdo la última vez, está borroso el horizonte de sucesos, curvas, carreteras, más bien cunetas y – sin embargo – te recuerdo o quizá es que no te olvido, con la falsa poética del desencuentro, intentando convencerme de que realmente sirvió para algo tu mano junto a la mía tan cerca del café. Recuerdo hasta el café, tibio, mirando hacia otra parte; aquel día gris, divertido de verte sin paraguas por la acera; el semáforo parpadeando para hacerte rabiar; mis ganas locas de que no te fueras a ninguna parte.
 
Y tú ¿te acuerdas de la línea discontinua puntuando nuestras frases? Las despedidas llenas de faltas de ortografía, el interrogante en aquel imperativo cruel, el vete más subjuntivo de la historia, la coma acentuando el acantilado, que no había pausas… que no… que no en-callábamos. Sé que fue un encuentro ordinario, ordenado prolijamente en un tiempo objetivo, que el subjuntivo es más para suspirar y…  ya sabes… preferimos de largo un buen jadeo…
 
Pero ¿qué hay de ti en mí, sin punto y con final? Si quieres nos bañamos o dañamos una vez más…
 
        Maullar, gemir, gemir, tal vez reír…
 
Quizá simplemente fingir, que no se nos daba tan mal ser un momento sin tiempo ni espacio, de mí tienes todo lo que nos queda por vivir y que ya hemos olvidado.
 
–      ¿Ya hemos olvidado?
 
Mago de Ol y vida y un do de pecho también, 
por si hay que gritar que no…
 
       “Perchance to dream” 
 
No sé cómo te acabas y no creo que juguemos al helado, derritiéndonos, pero lo reconozco, te conozco dos veces che, 
me manchas. 
 
 
 
 
Marina Kahlo 
& Lope Escauriza