UNA CARETA DE ESPUMA para tres sirenas

Hay mucha cuerda floja en los tablones del embarcadero, de ahí que me caiga en el puerto y me ahogue a ratos creyendo que puedo seguirte. Así suelen ser mis versos, húmedos y canallas. Siempre te vas sin mi, Sirena.

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Minuteros impervertidos

Tengo un reloj Hublot que da vueltas y vueltas con su segundero metiendo ruido, un tambor constante que separa las cosas en orden de ocurrencia, que nada pasa a la vez… En el principio era el Verbo, luego fuiste un texto y ahora un tú-y-yo de carne y beso. Luego me imaginé al tiempo atado al centro del reloj, como si fuera un caballo entrenando, corrigiendo el paso, que el tiempo está agarrado y por eso damos tantas vueltas… Y nosotros creyendo que era rectilíneo y que había un lugar especial reservado a los recuerdos. Yo doy vueltas y vueltas al galope alrededor de tus abrazos… y allí,

a la vuelta de la esquina,

está el infinito.


Lope Escauriza

Dos pequeños fósiles bien abrazados

Abro la persiana de tu sueño y respiro hasta la última mota de polvo que se suspende en la luz, la idea es mirarte con ellas y crear un cinturón de asteroides que haga un poco de trinchera… por si me atrapan las ganas de despertarte a mordiscos. Veo tu verde un tanto apagado del madrugón, pero en tu sonrisa hay un te quiero, de los que primero se saben y luego se dicen, de los que a priori se mastican a lengüetazos y luego se tragan a besos. Uno de esos. Tu mano se desliza por la sábana y yo me pregunto que tipo de instrumentos son tus dedos… ¿de viento? ¿de cuerda? son de tacto… porque se mueven entre las arrugas de un mal sueño hasta tocar los míos, entonces se puede sentir el peso del gesto y esa tremenda presión que ejercen las ganas en los huesos cuando ya no se puede acariciar más… entonces el arrebato entrelaza las falanges en un desesperado intento de ser tan solo una mano y los cuerpos, envidiosos, se acercan con su otra mano, y sus piernas, y sus troncos, y sus caderas y nos retorcemos los labios y da igual no respirar y da igual cualquier cosa que no esté en el cuadrilátero de tu boca y la mía. La respiración es profunda, la piel una gallina y el tiempo un cangrejo.

Te levanto en brazos y congelo el segundo donde miras la oreja, justo antes de decirme que… y entonces me sabe y lo mastico a lengüetazos y lo trago a besos… y se entrelazan las manos y los cuerpos

durante millones de años…


Lope Escauriza

Y tú

“Y es que no me da tiempo a nada… Y a nadie le doy tiempo”.

Me decías tan intruso… como sacado de un libro suizo o de un reloj de páginas rotas, hechas añicos. Y es que ahora no barres los días y tus felpudos y suelas no se pegan con fuerza a la tierra. Ahora vuelas cariño. No barres los días ni pasan las cosas saladas como las olas y los holas de última hora. Ahora estamos batiendo las alas, provocando huracanes a este lado del corazón, a este lado de las causas que se cuelgan de besos y lienzos en blanco… donde me pinto de futuro o de verde… vestidos transparentes son mis ojos y no llevo nada debajo…

Iremos a tus islas desiertas a devolver la arena de tus botas, construiremos un castillo y montículos en la panza para encarnar un mañana perfecto. Recorreremos las huellas y después soplaremos junto al viento para recorrer lo que quieras una y otra vez. Ya no se te caen los abrazos de leche y muerdes mi cuerpo con tus dedos… aquí te quedas… tus versos, tus besos y tú.


Lope Escauriza

Paces y peces

Me gusta hacer barquitos de papel usado… facturas, tickets, poemas y esbozos… hago barquitos de papel con velas bien rígidas… velas sin miedo al viento (pero si al fuego). Me gusta verles navegar por los charcos después de una tormenta… después de una tormenta de verano, cuando el petricor desconsolado inunda hasta la tos todos los rincones de las fosas nasales…

…A veces hago sombreros de papel en lugar de barcos y con dos hojas de magnolia me fabrico una espada y ¡voilà! son un Peter Pan oxidado rebuscando en los domingos de hace ya tiempo. El desenlace es incierto, invoco a Poseidón para que me traiga un Kraken. Un Kraken de suela de Converse que arruga al barquito contra el oloroso asfalto y se corren las letras con humedad y fricción. Después navego – tranquilo y en paz – hacia ti

por el inmenso mar de tu risa.


Lope Escauriza

Mimito, Andrea y sus ganas de no verse

Mimito, soy Andrea, déjame entrar…  que no tenemos porqué

ni porque no…

tú tan solo y yo tan luna… tan de noches

azul marino.

Los minutos contigo se dan de si y de no y el echar de menos se retuerce en las sábanas y en los porqués del final… ¡déjame entrar Mimito! que soy también de playa sin mar y de los pies descalzos que se queman en la motitas de polvo que han dejado los años, en las suelas y en los suelos y en los sueños… Cuando duermo me hacen daño… ¡así sangran los recuerdos cuando se les pincha de noche! Fluye la sangre naranja como la arena de alguno de mis desiertos… desiertos de noches de estrellas y velas y ojos abiertos como platos…

como platos… para comerme de un vistazo los tuyos… que te los veo

mirando a otra parte.

Déjame entrar… Déjame entrar.

Que me repico, campana, champaña, entraña y extraña… te extraño. Me revuelves por dentro cuando vuelves… déjame entrar… que araño a los años como a esta puerta… sigo sangrando arena, hay telas de araña en los portazos…

déjame entrar…


Lope Escauriza

De por qué eres la mujer más linda del mundo y otros dogmas – Parte I

Es bien sabido que tu pupila se contrae con el viento, para que sople verde y lo esparza por el mundo sembrando mis ganas de ti. Yo sé de buena gana que tus besos aúllan cuando te mira la luna, que soy yo… que soy insomne y enorme y lobo… y me hago astro para competir con tus ojos…

La gravedad no existe en los planetas que no habitas.

Por tu nariz se deslizan mis dedos para señalar tu boca, corazón y tobogán, pincelando el contorno y comisura de tus labios a mil quinientos besos por segundo. Ahí estoy yo latiendo entre yemas, que mis escalofríos ya no son lo que eran… ahora se visten de gala y las cosquillas me abrazan de repente y de cerca. Mi aurícula derecha se inunda cuando estallo en tu dentro y se queda el silencio pensando que quiere que lo sigas llenando…


Lope Escauriza

Lo que dura un mal sueño

Nunca se me olvidan los sueños y eso es jodido. Los hay buenos y los hay malos, hay sueños lindos y sueños feos. Hay insomnio y desvelo, miedos estúpidos y otros que no tanto. Al miedo, queridos, le gusta ser miedo, pero hace lo que le dejan… son meras pesadillas que acojonan lo que malamente pueden… pero a veces dan en el clavo. Ayer me llegó uno de esos espasmos que llegan cuando uno piensa que cae al vacío mientras duerme, el gran engaño muscular del precipicio y la duda. Estaba perdido en las sombras y ni siquiera tenía esa tregua de la claridad cuando perfila las mañanitas. Creí soñar que éramos dos cachitos de un mundo cayéndose a pedazos, soñé con un hipotético y céntrico planeta donde las princesas no eran reales sino reales y los besos eran muecas alternas de un pegajoso sarcasmo…. Las respuestas gritaban de rabia por no saber contestar a la pregunta de qué había hecho yo sin ti todo este tiempo… pero en el sueño caíamos ya rotos, caíamos sin suelo ni techo y sin más referencia creíamos volar. Me senté en la cama silencioso, ya despierto de a ratos, con el susto del batacazo entre los párpados, las pupilas y las manos. Te miré brillando con ese claroscuro del alba y del alma que salpica tu cuerpo de momia… Entonces las preguntas repicaron y las respuestas vinieron corriendo al funeral de mis sustos…

En ese preciso instante

– cuando la piel parece una Vía tan Láctea-

supe todo lo que había hecho yo sin ti todos estos años:

Caer.


Lope Escauriza

Carboncillo

Nos gustaba sentarnos al atardecer en aquel sofá violeta y roído (de ruido) donde se encogía el salon. Nos encantaba dejarnos acariciar por el último calor del día, el de los rayitos del sol coleteando y el de la noche pisando los talones, calando los huesos, callando con besos. Nos gustaba oscurecernos de a poco,  con las luces apagadas, apagándonos con las sombras y las sobras que deja el día al borde de tu silueta… las velas agonizaban a contra pelo y respiraban los últimos intentos de verte mejor… ¡Pide un deseo! decías…

Entonces – en los dominios del tacto – olfateábamos los últimos recovecos que quedaban sin colorear y, con la imaginación echando chispas, cerraba los ojos para ver las lucecitas de tu risa… aclópate aquí que soy tu puzle… yo me quedo en tu prisa… que me suenas a trompeta y me sabes a tambor…

y tal vez el mundo funcione así…

Y no tenemos

ni puta idea.


Lope Escauriza

Mimito y Lua

−¡Es tu manera de ser Mimito! – tan besando – la que me tira tanto de la luna−.

−Pues bájate, que yo me subo, acompasemos este movimiento periódico que tanto te gusta−.

… y así salgo yo… siempre tan llena, aullando y olvidando que ayer fue de (o un mal) día. Soy noctámbula y de piel de loba, soy mil vasos contigo, un caso, un paso en falso, una polilla en un faro… No remiendo mis fracasos, me acuesto sobre un colador de estrellas para filtrar mejor tus nuncas. Repito que soy sonámbula, a veces me muerdo y otras veces

saco pecho… Me saco de a poco los cuartos.

Tócame, que soy farola para tus noches de naufrago… cuidado con mis riscos que mi órbita es puntiaguda y – a diferencia de algunas estrellas – me va muy poco el norte…. más bien zigzagueo para evitar espuelas, soy una constelación muy caprichosa. Tócame las puertas que soy redonda, muérdeme, sácame el pecho, pégame al techo… ¡cualquier cosa!…

Pero

por favor…

No amanezcas.


Lope Escauriza

Hablando bajito

Mi habitación está brillando, la bañan miles de motitas de polvo suspendidas en la luz. Yo me desperezco sin sueño y con sueños y abro el telón de unos párpados que te ven también cerrados. Por el suelo hay muchas cuerdas, resacas, porqués, piernas frías, libros, columnas de tiempo amarillentas de tanto pasar página… ya sabes, que los olores tiritan cuando se huele a recuerdo. Pero yo ando resucitando contigo en un otoño intemporal… las hojas se mecen con el viento de tu voz, las letras se caen y te miro, te pinto – tan verde – con todo este abecedario.

Mi habitación está brillando, anoche olvidé correr las cortinas y te echaste en mi sueño… menudo chapuzón… y era bonito:

un par de peces de color de rosa

luchando

en el ring de tu boca.


Lope Escauriza

 

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