UNA CARETA DE ESPUMA para tres sirenas

Hay mucha cuerda floja en los tablones del embarcadero, de ahí que me caiga en el puerto y me ahogue a ratos creyendo que puedo seguirte. Así suelen ser mis versos, húmedos y canallas. Siempre te vas sin mi, Sirena.

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Auroras

Soy incandescente, un rayito de luz de una persiana que guiña, una mota de polvo suspendida en la montaña rusa de una mañana que se levanta tarde… Me quedo mirando la brisa… con calma mi vida, con calma. Para la mujer de hielo la temperatura era una risa, una carcajada maquiavélica, una mosca frotándose las patitas, un bostezo al cuadrado, un cajón desastre o una pelusa de un mal western pasando a lo lejos. Congelaba las gotas de lluvia para cegar los parabrisas de los coches, era puñetera… lo sé. Para la mujer de hielo las cuestas eran constantes, como de andar por casa, una casa pensada para mantas, abrazos y estufas y, en cambio, los carámbanos inundaban los techos cuando miraba hacia arriba. Cuando la conocí era un texto susurrado con cuidado por algún escritor de cuarta… un texto maniatado, esclavizado por los párrafos sueltos y los puntos y a parte. Recuerdo que nadie le soplaba el cumpleaños, qué más le daba, ella solita se rodeaba de frío, era un ejemplo inseguro que no se quería mostrar…te digo que no había abrazo lo bastante caliente para derretir sus doscientas treinta y cinco capas de hielo.

Pero el día veinte y tres de un mes muy par salió de su casa una mañana de lluvia. Como un iceberg coloreó los caminos de baba celeste y su sonrisa fue puliendo una mueca para seguir siendo correctamente indiferente. Entró en un restaurante de carne a la brasa y las piedrecitas al rojo vivo se volvían rápidamente cenizas al paso tan sensual de su polo sur por la cocina… Todo el mundo la miraba. Pidió una cerveza bien fría y luego más vino. Me levanté, pegué la vuelta y la vi abrazada a un buen susto… ¡qué alto! Pensaría. Conversamos sin utilizar demasiados adjetivos (por si se nos veía el plumero) y mi mano fue picando su hielo para bebérmelo en mil copas. Luego vinieron los besos, primero tan pardos, luego tan húmedos como ríos enteros, océanos de dudas lo calaron casi todo y quedó desnuda en mi oído mientras tiritaba todo el frío que llevaba y llovía allí adentro. Sus lágrimas eran verdes, también su lluvia, y sus pies canelas caminaban mi angustia. La puse de vuelta y vuelta durante unas semanas en el fogón de mi risa y de mi prisa y compartimos un para siempre que llevaba agarrado y enterrado bajo el brazo de la capa del ártico. Quemamos los días para borrar, para derretir gota a gota las últimas sombras y sobras de quien vive mal y sin nadie. Desde entonces habitamos los bosques y los sueños, ella es una hada madrina que pinta desnuda petirrojos en los troncos blancos de los abedules… y silba en las hogueras de los hombres para que nunca falte – aunque sea – una pequeña brasa en medio de tantas tormentas.


Lope Escauriza

El fondo del mar

El camarero ha dejado dos besos sobre la mesa para que los bebamos de una. En su interior: un par de rotos, tres o cuatro síes con los ojitos achinados, unas sonrisas endiabladas con dolor de barriga… un chorrito de por-qué-no.  Pero en el fondo yo veo una lupa, bolas de trapo de antiguos mapas, mapas que lo dan todo por encontrado… hay un hasta luego imposible… que incluso el hasta-dentro-de-un-rato me hace temblar…

No puedo parar de mirar tu horizonte… eres de esas que tienen mucho de para siempre…  Mírame, creo ver un mar Caribe rodeando tus pupilas.

El camarero nos observa, observa los besos apoyados encima del tablón. Podría pensar que esto tiene truco y que beberte de un trago sería contraproducente, que los numerosos días que nos quedan se podrían ir encogiendo en frecuencia y versos … y que de los miles de días que tenemos pasemos a los cientos… y de los cientos a los nunca más. Pero entonces te bebo de un trago, sirena… y el camarero viene con más besos y los apoya con fuerza sobre la mesa derramando alguna gota…

De mar.


Lope Escauriza

Lo que haría ayer si hoy se pudiera ir de nuevo

Hay un momento en la casi noche – un poco después que las farolas amarillas del pueblo hagan el paripé con la casi oscuridad – cuando los casi poemas se ponen a discutir con lo que pudo haber sido. Así se pescan los resfriados que produce la nostalgia o los cuadros febriles de un recuerdo embalsamado… se recomiendan purgas con champagne o vino, pero no para ver si viene, dejemos a los verbos en paz…

Una de esas casi noches pensé en claudicar aun siendo temprano, aun se intuía algún violeta en el horizonte y las farolas sacaban pecho a medida que el negro se apoderaba del mundo… Pensé en tu pasado y el mio, ese subconjunto formado por nuestra intersección pasajera y te veía como siempre: sonriendo y llorando, porque te alegrabas de verme de esa manera… No sé qué pasó, demasiadas tildes… supongo, serían los viajes y la distancia al cuadrado,

tu hipotenusa y yo un cateto,

espero que si nos vuelve a pasar algo así esperemos un poco más, que no se nos enreden los peros… más vale armarse de paciencia y aguantar la desgana que echar de menos como yo lo hago, más vale ahogar los gritos que ser un naufrago de camas desiertas, más vale decir que sí a todo que andar por ahí diciendo que no por creerte así: un eterno tal vez.

Si ahora pudiera volverte no discutiría, ni pecaría, no levantaría los brazos con gesto de burla ni suspiraría terrible para hacerte ver que todo va mal, al contrario: cantaría más, gritaría para jugar al eco contigo, aguantaría mil envites, recorrería años enteros de pena y locura para llegar a cada uno de tus abrazos como un gato mimoso que quiere ser bola.

Si ahora pudiera traerte y pintarte y besarte, recorrería las risas contigo, escarpadas comisuras de montes muy rojos, modelo de pelo que caía en tus hombros estrechos, me tirita el pecho si no me envuelves, refugio alpinista de rutas muy malas. Mira como seríamos ahora, con todo lo que tengo y yo lo quiero llenar contigo, poseo cáscaras y caras vacías.

Si volviera a nacer te encontraría antes, embargaría al tiempo, le recordaría a los sueños que me deben una. Si volvieras como antes te ofrecería un ahora, un ahora con gloria, sin pena, con muchas horas y holas, ningún adiós, apenas dos o tres hasta luegos. Quizás los casi poemas sintieran envidia de lo nuestro y lo suyo no fuera más que una mentira piadosa rezando la rima… no sé, les cambio la ingravidez de lo eterno por una eternidad gravitatoria contigo, que sean letras inciertas e infinitas edulcorando los sueños, que seamos abrazos y besos indiferentes al tiempo y a la gente… Seamos nosotros, caminitos y casitas de piedra y sus cercas (nunca lejos), que nos aíslen del nunca y de todas aquellas preposiciones que dicen que no…

 

Lope Escauriza

Limpiezas de rincones llenos de polvo, junglas y otras trepadoras

Se van barriendo los días, pasan raudos, pasan salados, como las olas del mar y los holas de última hora… y tu prefiriendo adiós…

Pero a veces me quedo en el felpudo y no en la suela… y entonces puedo contemplar los momentos y congelar botellas de minutos añejos. Me cuelgo a lo Tarzán de las lianas del marcapáginas de este libro tan absurdo y no quiero posarme más en el suelo de esta selva, a mi no me da tiempo a nada y a nadie le doy tiempo,

así que todo bien,

vivan las copas (de los árboles)…

nunca más volveré a colgarme de ti,

nunca más.

Lope Escauriza

ARLEQUÍN

Hoy he soñado con dos posibles escenarios, el primero no te lo voy a contar, es obvio e impasible, es lógico e improbable, como tantas otras cosas que se esperan con ansia y por ello se dan por perdidas. El segundo es de la mano, si, íbamos cogidos de la mano y allá – en el pecho – me bastaba con el eco de tu corazón para bombear la sangre del mío… tan solo te solté un momento para sacar una foto de un farol que escupía luz entre dos toldos. Llevabas unos pantalones de arlequín y una sonrisa risueña, yo hacía malabares con mis tres ojos para no mirarte tanto. El humo del frío y del tabaco emborronaba a veces tu prisa, tu prisa por ser constantemente… querías abrazarme la boca para ver a que sabe la risa…. y después te acomodabas en la breve nostalgia que se tiene después de cada buen rato…

He descrito tres o cinco minutos, nomás, imagínate sirena lo que haríamos tu y yo con un par de siempres y medio nunca… Es una pena que a eso se le llame ser imposibles.

Mientras tanto y estés donde estés,

FELIZ NAVIDAD.

Lope Escauriza

AMORES COBARDES

Una pena ¡Un apenas! por poco fuimos y poco quedó, pero sigo revindicando tu lugar en mi tal vez. De momento siempre me acuerdo de ti cuchicheando esto, blasfemando las notas.

Y tu ¿piensas en mi?

La cobardía es asunto de los hombres,

no de los amantes,

los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí…

Ni el recuerdo los puede salvar

ni el mejor orador conjugar.

Silvio Rodríguez