UNA CARETA DE ESPUMA para tres sirenas

Hay mucha cuerda floja en los tablones del embarcadero, de ahí que me caiga en el puerto y me ahogue a ratos creyendo que puedo seguirte. Así suelen ser mis versos, húmedos y canallas. Siempre te vas sin mi, Sirena.

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Tren expreso

SILENCIO en un mar de dudas

Copas de más o menos

Me gustaría gritar que te odio,

que me muero,

que me entierro.

Me gustaría restarte con dos o tres decimales

por si apareces con cuatro copas y media de más.

Que ojalá pudiera desaparecerte

como un mal mago aferrado a su truco.

No quedan oraciones ni velas donde soplar un trago o un deseo,

un beso de antes que no se cumple.

Los besos,

luego están los besos,

ojalá se caigan y también tu tacto,

que se le olvide a mi lengua tu tacto

que quiero borrarte y mírame

aquí

coloreando-te.

 

LOPE E.

 

 

Soy terrible, he estado tocando a las puertas del mismísimo suelo, pero no es motivo de pena ni duda. La gravedad en los huesos, la eterna noción del peso cayendo sobre los músculos como si fueran bandoneones desafinados derrumbando templos filisteos. “Jamás me cortaré la barba” te repetía… Pero ya ves cómo se atrofian los cosmonautas cuando G = 0 y vuelan comiendo geles… No me acuerdo de la angustia, tan solo queda un sabor dulzón en las orejas, un ruidito insignificante, un pitido que atormenta a su manera las pocas veces que estoy en silencio. Ruge si quieres que yo no tiemblo, cuando los recuerdos se petrifican me vienes con el cuento de Perseo y no dejas que el olvido, nido de serpientes, te mire a los ojos, lucky you. Pero está todo bien, que en mi caso el amor es una especie de discontinuo, con todos esos huequitos cuánticos para que giremos mejor. Somos a veces, queremos intermitentemente, está bien, pero eso no quiere decir que no sea palpable la dureza del siempre. Un ventilador, dos aspas y – si está en funcionamiento – a ver quién mete el dedo en el espacio que nos separa.
Te digo una cosa: cuando una de tus bolitas – que giran y giran en esa gran oquedad – eclipsa a una mía… te abrazo…
y te juro,
que no quiero soltarte.

LACRADO III y final



Decía la Maga que es más fácil contar las tristezas… que las dichas son de uno y las miserias de muchos. Pero no me imagino a Ricardo Neftalí escribiendo los versos más alegres este día… escribir, por ejemplo, el día está soleado y están quietas, muy blancas, las nubes a lo cerca.

Terminé de beber esos latidos verdes y rojos y negros y me sequé la boca con la manga, entreabriendo mis labios con un gesto de alivio. Me dí vuelta como buscando motivos y preguntas sin respuesta y ahí estaba… la anciana, destilando el azul del lejos que gotean los astros. Apenas nos separaban unos escasos centímetros y, como en un sueño, se tiró a mi oreja, que los vampiros no chupan sangre sino latidos y el frasquito con los míos ya luce de momento amarillo al fondo de la estantería.

Mi cuerpo quedó encallado en las baldosas del suelo, las dos heridas simétricas de los colmillos sangraban cerca del cuello. El señor del mostrador salió afuera y agarró un par de nubes – con sus macabras uñas de un trasparente amarillo – las humedeció con alcohol y me cerró el agujero cicatrizando la fuga.

Me desperté malherido en un callejón, con el corazón latiendo a medias, las mismas que te sueles quitar cuando me toca a mi morder. Ten cuidado… lo vampiros, los a las que te morderán mañana

mastican latidos.




F(IN)ELIZ Halloween.
Lope Escauriza

LACRADO II

Seguí bebiendo bebiendo a morro los latidos de aquel frasco, estaban fríos, como recién sacados de la nevera del tiempo, que el pasado siempre tuvo un poco de invierno… Tuve que parar para tomar aliento prolongando mi Babia – como contigo – con ánimo de truco… Mis recuerdos de ti continuaron fugaces:

La lluvia se vuelve acida al filtrar los suspiros que se acumulan en mi nube. No sé qué hacer con este estío que no se quiere creer que está lloviendo, carne a cuchillo, empanadas, vino y a ti que te encanta la costa… está todo la mar de bueno. Prolongo mi hastío en tus ojos cerrados, corazón a prueba de babas, sigo recordando tu pelo para no enredarme en otras cosas, recuerdo que me revolvía rebelde al besarnos del revés, suspendidos de aquellas literas sin cielo, ajenos al marrón de los limos del rio Paraná… Y para nada, me digo.

Sigo comiendo al borde del camino, insistiendo en los viejos senderos donde hay certeza de la existencia de tus huellas, de un dios partícula o del mundo paralelo de tu risa.

ASI ESPERO YO A QUE ALGUIEN APAREZCA,
SIN SABER QUE LO QUE REALMENTE QUIERO ES QUE SE TE PAREZCA.

En el desierto escasean los cuerpos.

Escúchame por penúltima vez, por favor, que no hay mejor anzuelo que no picar. Escúchame, no te imploro, tan solo escucha,  que soy estoico de día y Epicuro de noche… deben ser las letras que soportan lo que sea si se pintan con un buen POLIGRAFO.

Sigo comiéndote, más bien te rumio, como hago a veces con el humo, para fumar aquí dentro. Disfruto en mi boca de tus besos tan idos por si luego se me olvida que te echaba de menos. A veces echar de menos se asemeja a un estado de locura transitoria, con fases bien definidas y estudiadas, lobotomías aparte, uno no llora de llorar, uno llora por faltar, porque faltas y faltas al respeto al no saber conjugar absolutamente nada en plural. Siento mucho esta agresividad arpegiada, este in crescendo, es que a veces el teclado y la sopa de letras se parecen a un piano. Y hablando de pianos, me gustaría oírte tocar como antes, que tus muslos se decanten por encantar a los míos, que se desate la cólera de quien no tiene tiempo, así no ha ido desde entonces, tú con tus dudas, yo con mis rayos que no parten ni reparten ni me traerán de allá a lo lejos,

mínima velocidad de obturación,

tu mejor segunda parte…


Y mañana, quizás, el desenlace.



Lope Escauriza

LACRADO

Hay nuevas sentencias que apenas se digieren, publicaciones de barrio listas para archivar… publicaciones de barrio también, que soy muy moldeable, que tengo que darme forma si el vacío me deja colgado cuando me doy cuenta que te estás yendo. Por apelar al sentido del mal gusto o del más justo rebañaría con ansia cualquier indicio que infrinja el lacrado código de conducta que dejan dos al volver a ser uno igual a uno. Yo te sigo merendando, sigo persiguiendo los minutos que hacen falta para calentar tus tazas, quizás sean tantos que requieran muchos ceros a la derecha, pero imagínate… (y personalmente creo que está ocurriendo) que empiezo a observarte desde la izquierda y me tiras esos circulitos mal trazados, de derechas o de revés, y comenzamos a jugar al tenis, al de cancha o al de mesa, que a veces las miradas son match point, que no sabía que jugábamos al mejor de tres…
Nota del autor: CONTINUARÁ mi confesión 
y quizás mañana.
LE

TELE(A)PATÍA





Parece que amanece


y que hace bueno o malo


– No lo sé –


Lo que hace es bastante menos


con todas estas nubes tapando tu tiempo.



Y luego viene la noche


cuarto menguante


sigo encogiendo.



Me corto los ríos para que no llegues al mar


y sigues brotando.



Y luego viene la noche y no te vas


y cambio los papeles con el cielo


y le escribo que anda nublado


y yo



sin ti



ESTRELLADO*






Lope Escauriza

HUELGA DE HAMBRE



Parece que no te gusta lo fácil

y yo estoy chupado.


Pero también por eso de estar en los huesos, que hace ya bastante tiempo que no te como.


Qué poco tacto tengo… es cierto, pero es que hace mucho que no te toco y las cuerdas no están de punta ni las notas tan cerca como para estremecer tu oreja.

He decidido ser incontrolable,

un pozo sin fondo para las malas lenguas

un hueco entre ambos donde poder hundir este barco


tan tocado sin ti.


Voy a ser incontrolable para atacarme y sin piedad

porque ésta

– mi amor, mi odio –

ya no es tu Guerra.





Lope E.

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